La baja rentabilidad ahuyenta a los jóvenes del sector primario riojano
El campo riojano reduce cada año el número de explotaciones y mantiene su carácter eminentemente masculino, pero ve una cada vez mayor profesionalización con agricultores y ganaderos que han pasado por las aulas para formarse con estudios agrícolas
Aunque nunca son buenos tiempos para el campo, parece que en esta ocasión San Isidro tiene más trabajo que nunca para proteger a un sector ... que está sufriendo mucho en las últimas campañas.
Ya vivía tiempos difíciles, pero la guerra de Ucrania sirvió para justificar un desmedido aumento de los insumos. Primero fue el combustible (aunque ahora ha normalizado algo sus precios) y luego llegaron las subidas de abonos, fitosanitarios, etc que hicieron que los gastos de producción se elevaran notablemente, mientras los precios que se pagaban al productor en el mejor de los casos se mantenían inalterados y en muchos incluso descendían.
El 6,10% de los afiliados riojanos a la Seguridad Social trabaja en el sector primario
A eso se han unido unos años muy pobres en precipitaciones (parece que la tendencia se rompió al final de la pasada campaña) que han mermado mucho la productividad y consecuentemente, reducido los ingresos de agricultores y ganaderos.
Esto ha hecho que cada vez el sector primario sea menos apetecible laboralmente para los más jóvenes y solo los mayores resisten viendo cómo la pérdida de rentabilidad de las explotaciones cada vez es mayor y llega a ser tan acusada que incluso a veces llega a cuestionar la viabilidad económica.
En La Rioja, la agricultura y la ganadería ocupan al 6,10% de los trabajadores, o al menos, del total de los que están afiliados a la Seguridad Social (8.260 de los 135.426 afiliados, a 31 de diciembre de 2023, en la región). Las últimas cifras que ha hecho públicas el SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) desvelan que entre el año 2022 y el 2023 se ha perdido un 1,39% de trabajadores en el campo, que se eleva a casi un 5% cuando se toman como referencia los últimos cinco años. El número de explotaciones también se ha reducido en los últimos tiempos y es ahí donde se ha puesto de manifiesto que los jóvenes no toman el relevo de sus mayores. La población que trabaja en el campo (bien sea en el sector agrícola o en el ganadero) en muchos de los casos debería estar ya jubilada porque ha alcanzado la edad para ello, aunque sigue con su labor, casi siempre ayudados por otros miembros de la familia que tienen el campo como una segunda actividad.
En 1999, en La Rioja había 16.855 explotaciones del sector primario, en 2020 se habían reducido a más de la mitad (8.303). Pero esos alarmantes datos se convierten en aún más graves cuando se observa que en ese año 2020, había 442 explotaciones en manos de jóvenes de menos de 35 años mientras que eran 5.174 las que estaban a nombre de personas mayores de 55 años. No obstante, esta tendencia no es nueva, porque ya en 1999, casi la mitad de las explotaciones tenían como titulares a agricultores o ganaderos que superaban los 55 años.
Es verdad que el campo está en un proceso –aún lento, pero que ya ha arrancado– de profesionalización. Si en 1999 la presencia de profesionales con estudios agrícolas al frente de las explotaciones era algo puramente testimonial y la mayoría de los conocimientos procedían de la propia experiencia, veinte años después, un tercio de los jefes de explotación han pasado por las aulas y cuentan con una formación profesional o una titulación universitaria en el ámbito agrícola. Esto ha permitido que, también con mucha lentitud, las nuevas tecnologías vayan siendo adoptadas por el sector primario y den lugar a la agricultura de precisión, a la implantación de la Inteligencia Artificial, al trabajo con drones...
Lo que no ha cambiado con los años es la masculinización del sector primario, al menos, a nivel administrativo. En el ámbito riojano, la mujer siempre ha ayudado en las labores del campo cuando ha sido necesaria. Aunque la gestión del día a día correspondía a los varones de la familia (que, habitualmente eran los titulares únicos de la explotación), las mujeres acudían cuando se intensificaban las labores como en épocas de la recogida de la cosecha, o la vendimia en el caso de la uva.
Actualmente, el Informe del Mercado de Trabajo elaborado por el SEPE para la Comunidad Autónoma de La Rioja, señala que el 76,14% de los trabajadores del campo en la región son varones, mientras que solo el 23,86% corresponde a mujeres.
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